jueves, 7 de mayo de 2009

¿ABURRIDO EL ROSARIO?

Es una alegría grande que, en este mes de Mayo, mes de María, haya iniciativas frescas, novedosas, que nos recuerdan que rezar el Rosario no es una cosa trasnochada, sino algo que le entusiasma a Nuestra Madre la Virgen. Algo que acaba "enganchando" para bien. 

Por eso, no sólo no hay que avergonzarse de rezarlo, sino que hay que fomentarlo para que otros lo "pillen".

Atrévete a saborear el Rosario. Haz que los oídos de María se deleiten con él, y se alegren contigo. Capta ese "sabor inigualable".

Te damos la pista de esos enlaces que pueden animarte a ello: 

domingo, 3 de mayo de 2009

ORACIÓN A NUESTRA MADRE LA VIRGEN



En este mes de mayo que acabamos de empezar no está de más acudir con frecuencia a Nuestra Madre la Virgen. Y hacerlo con nuestras palabras o con palabras prestadas, diciéndole todo eso que quiere brotar de un corazón de hijo, de un corazón enamorado: 

Señora y Madre mía, me llena de alegría invocar tu nombre. Me colma de gozo acudir a ti. 

En los momentos difíciles, en que siento el peso de tantas cosas negativas, por dentro y por fuera, sé que estás a mi lado, para sostenerme y alentarme, para llenarme de fortaleza. 

Cuando las cosas van bien quizá tienda a estar más olvidadizo, pero, aun así, sabes que te quiero y que descanso en ti, en tu regazo, como un niño pequeño y despreocupado. 

Soy hijo tuyo y me llena de orgullo tener tan buena madre. No me dejes, llévame siempre de tu mano. 

Sé tú, María, mi sendero hacia Dios. Si me despisto, si me alejo por el pecado, hazme reaccionar para que, con humildad, vuelva al camino verdadero. 

miércoles, 29 de abril de 2009

ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA MISA


Asistimos a la Misa y después ¿qué? ¿Salir rápido, casi atropelladamente? Acabamos de estar en algo tan sagrado, que nos ayudará quedarnos unos momentos dando gracias a Dios:

Señor, acabo de asistir a la Santa Misa, memorial de tu Pasión, Muerte y Resurrección. He deseado ardientemente que llegara este momento para estar contigo y llenarme de Ti. Quiero que sea siempre lo que ha de ser: el centro y raíz de mi vida. Me siento especialmente hijo de Dios.

He tenido la oportunidad de recibirte en la comunión. Por eso, ahora sólo puedo decirte: gracias. Muchas gracias. Te quiero con toda el alma y te pido ayuda y fortaleza para que todo lo que he vivido se note en mi vida.

Que se note en cada pensamiento, en cada deseo, en cada acto.

Y que sepa llevarte a los demás.

Que todo empiece en Ti como en su fuente y tienda a Ti como su fin.

Te pido por tantas necesidades, esas que quizá más me preocupan, esas que llevo en mi alma. Te pido por las personas que tengo encomendadas, por mi familia, por mis amigos, por las que me han pedido que rece por ellos, por aquellos a quienes he asegurado mi recuerdo en la oración. Las pongo en tu Corazón, donde yo mismo quiero estar siempre.

No permitas que me separe de Ti y dame la gracia para seguir trabajando alegre y sin quejas en tu servicio. 

martes, 28 de abril de 2009

PARA PREPARAR BIEN LA SANTA MISA (3)




Esperando al sacerdote podré evocar ese momento cumbre en que Dios se hace presente entre nosotros. Por eso pediré, ya desde esos instantes:

“Que, en el momento de la consagración, sea muy consciente de lo que estoy viviendo: todo un Dios que viene al altar. Que sepa ver, especialmente, con los ojos de la fe”.

“Que acompañe a los ángeles que adoran a Dios, y le diga interiormente: Señor creo en Ti, espero en Ti, te amo”.

“Que cuando llegue el momento de la comunión vea en mi interior si soy digno de acercarme a recibir a Jesús, como Él quiere ser recibido: con limpieza de alma”.

“Que sepa hacer un acto de dolor de amor si no estoy debidamente preparado y, desde mi sitio, haga una comunión espiritual, diciéndole que no puedo recibirlo, pero hago el propósito de hacer una buena confesión, para acercarme a Él con pureza, con humildad, con devoción”.

“Que no me despiste pensando en mil cosas. Que aprenda a decirle: ‘Si he podido recibirte ¿qué puedo hacer sino darte gracias, con toda el alma? No permitas que me separe de Ti’”.

“Que durante toda la Misa esté en lo que tengo que estar, que nada turbe esa paz de estar con el Rey de Reyes. Que no deje que mis sentidos estén dispersos, aunque haya mucha gente, aunque haya ruido, aunque haya circunstancias que me lo impidan”.

“Que no me deje llevar por la inconsciencia o la rutina. Que aprenda a decirle al Señor cosas hermosas que llenen mi mente, desborden mi corazón y se traduzcan en obras”.

“Que aprenda a pedirle también, con toda el alma, que todos los que asistan a la Santa Misa, y yo el primero, sepamos después llevar a la vida lo que acabamos de experimentar, el encuentro con el Señor”.

“Porque te quiero, Señor, Tú eres mi fortaleza y mi descanso”.

lunes, 27 de abril de 2009

PARA PREPARAR BIEN LA SANTA MISA (2)




Antes de la Misa, de rodillas si es posible, delante del Sagrario, ¿qué cosas diré abriendo de par en par mi corazón? 

“Señor, ayúdame a agudizar mis sentidos para ponerlos en tu presencia: que no me despiste, y si me despisto que vuelva enseguida a lo que me quieres hacer vivir”.

“Que sepa ‘meterme en ambiente’, y cuando salga el sacerdote, sea quien sea, vea en él a Cristo, en cada palabra, en cada gesto”.

“Que rece por el sacerdote, para que celebre bien, para que sea fiel reflejo del Señor, para que muestre en la manera de hacer las cosas su amor a Dios, a la Iglesia y a las almas”.

“Que no lo juzgue, que sepa comprender sus limitaciones, sus cansancios…”

“Que escuche la palabra de Dios con atención, con novedad de enamorado, aunque la haya escuchado ya muchas veces y me parezca que ya me la sé”.

“Que atienda la predicación: aunque se alargue o se enmarañe. Que sepa encontrar en ella ese aspecto que me lleve a meterme más en Dios, a descubrir algo que espolee mi alma, que me lleve a hacer algún propósito para llevarlo a mi vida”.

“Que me una al sacerdote en el ofrecimiento a Dios de los dones del pan y el vino. Que ponga allí, junto a ellos, en el altar, todos mis afanes, preocupaciones, alegrías. Y diga: purifícalas Tú”.


viernes, 24 de abril de 2009

PARA PREPARAR BIEN LA SANTA MISA (1)



La Eucaristía, la Santa Misa, es el momento culminante del día para un hijo de Dios.

Allí se lleva a cabo ese milagro de amor de Dios que se entrega totalmente no en general sino por mí, que se ofrece en sacrificio por mi salvación.

¡Cuántos motivos para el agradecimiento!

De ahí que haya que poner, al menos, un poco de nuestra parte para prepararla bien.

Unas pistas para no “despistarse”.

Llegar a tiempo. Ser puntuales.

Voy a hacer el propósito de estar unos momentos en la Iglesia antes de que salga el sacerdote al altar. Y le voy a pedir a mi Ángel de la guarda a que me urja, para que no me entretenga en cosas que, aunque me parezcan urgentes, me hacen llegar tarde.

¿Qué puede ser más “urgente” que disfrutar con el Señor?

Será un primer acto de generosidad por mi parte.

Luego apagaré el móvil, porque ¿no merece mi gran Amigo que le dedique, de verdad, un buen rato sin que nadie interrumpa nuestro encuentro, nuestra conversación? 

Después ya tendré la oportunidad de volver a lo que había dejado pendiente, pero ahora ha de ser Él el protagonista.

"Mi atención sólo para Ti, te la aseguro. Ayúdame a no pensar en otras cosas, y si me vienen a la cabeza, que las ponga en tus manos para que Tú seas quien les dé la orientación adecuada"

Después, delante del Santísimo si es posible, me pondré unos momentos de rodillas. Y le pediré que me ayude a vivir muy bien ese acto que ha de marcar mi jornada.

Y le diré algunas cosas importantes...


jueves, 23 de abril de 2009

¿POR QUÉ SOY SACERDOTE? (1)


La respuesta más sencilla y veraz que se me ocurre es esta: Porque Dios lo ha querido y lo sigue queriendo. 

Hace hoy exactamente 15 años que me ordenó D. Ángel Suquía en una catedral de la Almudena recién consagrada por Juan Pablo II. No estaba tan “acabada” como luce actualmente, pero entonces me pareció que era la Jerusalén celeste. Hasta ahí podíamos llegar.

Pues bien, después de estos 15 años estoy tan ilusionado como aquel día en que estaba a punto de estrenar algo tan grande. Y lo único que me sale a estas alturas es el agradecimiento.

¿Cómo empezó todo? Pues no sabría decirlo con exactitud, o a lo mejor sí que lo sé y no quiero decirlo, porque eso es de "intimidad con el Señor", algo que queda entre Él y yo. ¡Cuántas cosas comentamos entre los dos acerca de esto y de tantas otras circunstancias! Cosas nuestras...

Pero sí puedo decir que es algo que me dejó perplejo entonces y me sigue dejando perplejo ahora. Y le digo, algunas veces, con cierta complicidad: “hay que ver cómo eres, cómo te gusta jugar con los hombres, como juegas conmigo”.

Y siento que Él me mira con ojos brillantes, llenos de pillería y me sonríe. Yo le respondo: “¿ves? me das la razón.” Y Él sigue sonriendo. ¡Cómo nos entendemos! Claro, somos viejos amigos…

Cada vocación es un milagro. Lo sabe Dios y lo sabe el interesado.

Es una elección, sería ridículo pensar que es un trabajo por el que uno siente en un momento dado cierta atracción, y ya está. Es algo bien distinto.

¿Quién es el sujeto de esa elección? ¿Quién es el que elige? Pues, aunque pudiera parecer lo contrario, no es el "interesado", sino Dios, que se "mete donde, aparentemente, no le llaman".

Dios, que puede resultar incluso incómodo y que elige para algo: obrar en su nombre. En medio una persona que se queda sorprendida ante algo que le ocurre sin que él lo controle mucho, pero ante lo que hay que responder, tomar una decisión. 

Continuará (si tiene interés...)