lunes, 24 de agosto de 2009
VIAJANDO POR EUROPA: LYON
viernes, 14 de agosto de 2009
VIAJE A ROMA Y SALUDO AL PAPA
jueves, 7 de mayo de 2009
¿ABURRIDO EL ROSARIO?

domingo, 3 de mayo de 2009
ORACIÓN A NUESTRA MADRE LA VIRGEN

miércoles, 29 de abril de 2009
ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA MISA

Asistimos a la Misa y después ¿qué? ¿Salir rápido, casi atropelladamente? Acabamos de estar en algo tan sagrado, que nos ayudará quedarnos unos momentos dando gracias a Dios:
Señor, acabo de asistir a la Santa Misa, memorial de tu Pasión, Muerte y Resurrección. He deseado ardientemente que llegara este momento para estar contigo y llenarme de Ti. Quiero que sea siempre lo que ha de ser: el centro y raíz de mi vida. Me siento especialmente hijo de Dios.
He tenido la oportunidad de recibirte en la comunión. Por eso, ahora sólo puedo decirte: gracias. Muchas gracias. Te quiero con toda el alma y te pido ayuda y fortaleza para que todo lo que he vivido se note en mi vida.
Que se note en cada pensamiento, en cada deseo, en cada acto.
Y que sepa llevarte a los demás.
Que todo empiece en Ti como en su fuente y tienda a Ti como su fin.
Te pido por tantas necesidades, esas que quizá más me preocupan, esas que llevo en mi alma. Te pido por las personas que tengo encomendadas, por mi familia, por mis amigos, por las que me han pedido que rece por ellos, por aquellos a quienes he asegurado mi recuerdo en la oración. Las pongo en tu Corazón, donde yo mismo quiero estar siempre.
No permitas que me separe de Ti y dame la gracia para seguir trabajando alegre y sin quejas en tu servicio.
martes, 28 de abril de 2009
PARA PREPARAR BIEN LA SANTA MISA (3)

Esperando al sacerdote podré evocar ese momento cumbre en que Dios se hace presente entre nosotros. Por eso pediré, ya desde esos instantes:
“Que, en el momento de la consagración, sea muy consciente de lo que estoy viviendo: todo un Dios que viene al altar. Que sepa ver, especialmente, con los ojos de la fe”.
“Que acompañe a los ángeles que adoran a Dios, y le diga interiormente: Señor creo en Ti, espero en Ti, te amo”.
“Que cuando llegue el momento de la comunión vea en mi interior si soy digno de acercarme a recibir a Jesús, como Él quiere ser recibido: con limpieza de alma”.
“Que sepa hacer un acto de dolor de amor si no estoy debidamente preparado y, desde mi sitio, haga una comunión espiritual, diciéndole que no puedo recibirlo, pero hago el propósito de hacer una buena confesión, para acercarme a Él con pureza, con humildad, con devoción”.
“Que no me despiste pensando en mil cosas. Que aprenda a decirle: ‘Si he podido recibirte ¿qué puedo hacer sino darte gracias, con toda el alma? No permitas que me separe de Ti’”.
“Que durante toda la Misa esté en lo que tengo que estar, que nada turbe esa paz de estar con el Rey de Reyes. Que no deje que mis sentidos estén dispersos, aunque haya mucha gente, aunque haya ruido, aunque haya circunstancias que me lo impidan”.
“Que no me deje llevar por la inconsciencia o la rutina. Que aprenda a decirle al Señor cosas hermosas que llenen mi mente, desborden mi corazón y se traduzcan en obras”.
“Que aprenda a pedirle también, con toda el alma, que todos los que asistan a la Santa Misa, y yo el primero, sepamos después llevar a la vida lo que acabamos de experimentar, el encuentro con el Señor”.
“Porque te quiero, Señor, Tú eres mi fortaleza y mi descanso”.
lunes, 27 de abril de 2009
PARA PREPARAR BIEN LA SANTA MISA (2)

Antes de la Misa, de rodillas si es posible, delante del Sagrario, ¿qué cosas diré abriendo de par en par mi corazón?
“Señor, ayúdame a agudizar mis sentidos para ponerlos en tu presencia: que no me despiste, y si me despisto que vuelva enseguida a lo que me quieres hacer vivir”.
“Que sepa ‘meterme en ambiente’, y cuando salga el sacerdote, sea quien sea, vea en él a Cristo, en cada palabra, en cada gesto”.
“Que rece por el sacerdote, para que celebre bien, para que sea fiel reflejo del Señor, para que muestre en la manera de hacer las cosas su amor a Dios, a la Iglesia y a las almas”.
“Que no lo juzgue, que sepa comprender sus limitaciones, sus cansancios…”
“Que escuche la palabra de Dios con atención, con novedad de enamorado, aunque la haya escuchado ya muchas veces y me parezca que ya me la sé”.
“Que atienda la predicación: aunque se alargue o se enmarañe. Que sepa encontrar en ella ese aspecto que me lleve a meterme más en Dios, a descubrir algo que espolee mi alma, que me lleve a hacer algún propósito para llevarlo a mi vida”.
“Que me una al sacerdote en el ofrecimiento a Dios de los dones del pan y el vino. Que ponga allí, junto a ellos, en el altar, todos mis afanes, preocupaciones, alegrías. Y diga: purifícalas Tú”.