domingo, 16 de mayo de 2010

HOMILÍA SEMANAL: ASCENSIÓN

"Ahora os toca a vosotros". No es lo nuestro vivir mundanizados, como si lo de aquí abajo fuera lo único, pero tampoco podemos vivir ingenuamente mirando a lo alto, como si todo nos tuviera que venir gratis de allá arriba.

Lo nuestro es vivir con los pies bien anclados en la tierra, siendo muy realistas, pero con la cabeza bien puesta en el cielo, donde está Dios, que es el que nos dará el impulso para actuar.

Eso exige en cada uno de nosotros un proceso de madurez humana y sobrenatural, viendo las cosas con objetividad, tal y como son, porque, si no, ni siquiera seremos capaces de reconocer cuáles son los enemigos contra los que tenemos que combatir. Y terminaremos siendo infantes, aunque peinemos canas.

Ante determinadas situaciones quizá lo más fácil es el inmovilismo, quedarse parados mirando al cielo. Pero esa actitud, que puede apoyarse en la nostalgia de esos tiempos buenos, donde todo resultaba o, al menos parecía, más fácil, es algo que hay que superar.

Hay mucho por hacer, y no pueden ser los demás los que lo hagan. No tenemos que esperar que las iniciativas vengan de fuera. Sería lo más cómodo y lo más temerario. Tenemos que ser nosotros los que nos pongamos manos a la obra.

¿Qué hay que hacer? Arremangarse y trabajar mucho y bien, aunque salgan callos en las manos o en el alma.

"Ahora os toca a vosotros". Es el gran reto que nos está planteando Dios y que nos está recordando incansablemente el Papa.

Estos días, en Portugal, un hombre de 83 años, con todo el peso de la Iglesia, y de un mundo alejado de Dios al que se siente llamado a dar luz, no ha dejado de lado su responsabilidad de confirmar en la fe, dar razón de la esperanza y llamar, una vez más, a enraizar el amor.

Lo está haciendo con mucho realismo, sabiendo reconocer los pecados de los miembros de la Iglesia, las heridas de quienes, también desde dentro, desdibujan el rostro de Cristo.

Pero, al mismo tiempo, lo está haciendo con ese sentido plenamente sobrenatural de confiar totalmente en Dios que nunca dejará desasistida a su Iglesia.

Y cuenta contigo.

"Ahora os toca a vosotros". Escuchemos la voz de los Ángeles que vuelven a decirnos: "¿qué hacéis ahí mirando al cielo?"

Es el momento de actuar.

"Ahora te toca a ti. Me toca a mí".

Ponte manos a la obra, no te refugies en excusas, no esperes que sean los demás los que tomen la iniciativa. Y si notas que el peso es muy grande acude a María, la omnipotencia suplicante.

lunes, 24 de agosto de 2009

VIAJANDO POR EUROPA: LYON


Durante este verano he tenido oportunidad de hacer un viaje-peregrinación, con algunos sacerdotes y algunos chicos que se están pensando serlo, por sitios muy interesantes.

La "infraestructura" era sencilla: un coche y una furgoneta, alojamiento en un colegio de Lyon bastante económico, y luego bocatas y algún pequeño extra (discreto, eso sí). A partir de ahí: "tira millas". Nunca mejor dicho.

Lyon sería el primer destino, y el "centro de operaciones". La ciudad de los dos ríos que fue, no cabe duda, muy acogedora para nuestra expedición. Allí tuvimos la oportunidad de ver y rezar en la catedral, con una imagen preciosa de la Virgen en la Capilla del Santísimo, y pudimos pasear por sus calles y sus monumentos, ciertamente interesantes.

No hay que perder de vista que Lyon es una de las diócesis más antiguas de Francia, la hija primogénita de la Iglesia. De ella fue obispo Ireneo, un Padre de la Iglesia que supo combatir las primeras herejías que perturbaron la fe que entonces se estaba extendiendo y fortaleciendo.
Ahora, sin perder el atractivo histórico de lo que fue, se muestra como una ciudad del siglo XXI, que abre sus brazos al visitante que quiera llegar hasta ella.

En esos días celebraban sus fiestas, aunque hay que reconocer que lejos de lo que los "hispanos" acostumbramos. Una curiosidad: vimos cómo se anunciaba un gazpacho, netamente español, en algunas de las marquesinas de sus calles. Se ve que saben apreciar lo bueno...

viernes, 14 de agosto de 2009

VIAJE A ROMA Y SALUDO AL PAPA

¡Cómo pasa el tiempo! ha hecho ya 15 años desde mi ordenación como sacerdote. Ha habido tantas cosas desde entonces, y habrá tantas, si Dios quiere, a partir de ahora... Dios que es tan bueno siempre está dispuesto a sorprendernos. Y nos sorprende.

El caso es que había que celebrarlo, con algo un poco más especial. Un compañero de curso, que no se corta un pelo, le comentó al cardenal que bien podría facilitarnos, al menos, saludar al Papa en una Audiencia general, ya que no recibe habitualmente salvo en contadísimas ocasiones. El cardenal dijo que eso estaba hecho y pudimos escaparnos a Roma.

Fuimos cinco, poquitos, pero entusiastas. Nos metimos de lleno en la ciudad eterna, viendo lo esencial. Por ver vimos y sentimos una tormenta en toda regla que nos caló hasta los huesos. Terminamos refugiándonos en la Iglesia del Iesú, de los jesuitas, muy acogedora, sobre todo en cuando estábamos tan calados como nosotros en esos momentos. Pero lo dimos por bueno, porque, efectivamente, pudimos saludar al Santo Padre. Y llenarnos de esa "romanidad" que es característica de nuestra Iglesia. Os ofrecemos alguna foto hecha con el móvil.

El Papa, que es tan delicado con todos, estuvo muy cariñoso y contamos con un testimonio gráfico, esta vez ya oficial, estrechándole la mano y comentándole alguna cosita. Nos regaló un rosario. Y vinimos, por supuesto, más contentos que unas castañuelas. Pues eso es.

jueves, 7 de mayo de 2009

¿ABURRIDO EL ROSARIO?

Es una alegría grande que, en este mes de Mayo, mes de María, haya iniciativas frescas, novedosas, que nos recuerdan que rezar el Rosario no es una cosa trasnochada, sino algo que le entusiasma a Nuestra Madre la Virgen. Algo que acaba "enganchando" para bien. 

Por eso, no sólo no hay que avergonzarse de rezarlo, sino que hay que fomentarlo para que otros lo "pillen".

Atrévete a saborear el Rosario. Haz que los oídos de María se deleiten con él, y se alegren contigo. Capta ese "sabor inigualable".

Te damos la pista de esos enlaces que pueden animarte a ello: 

domingo, 3 de mayo de 2009

ORACIÓN A NUESTRA MADRE LA VIRGEN



En este mes de mayo que acabamos de empezar no está de más acudir con frecuencia a Nuestra Madre la Virgen. Y hacerlo con nuestras palabras o con palabras prestadas, diciéndole todo eso que quiere brotar de un corazón de hijo, de un corazón enamorado: 

Señora y Madre mía, me llena de alegría invocar tu nombre. Me colma de gozo acudir a ti. 

En los momentos difíciles, en que siento el peso de tantas cosas negativas, por dentro y por fuera, sé que estás a mi lado, para sostenerme y alentarme, para llenarme de fortaleza. 

Cuando las cosas van bien quizá tienda a estar más olvidadizo, pero, aun así, sabes que te quiero y que descanso en ti, en tu regazo, como un niño pequeño y despreocupado. 

Soy hijo tuyo y me llena de orgullo tener tan buena madre. No me dejes, llévame siempre de tu mano. 

Sé tú, María, mi sendero hacia Dios. Si me despisto, si me alejo por el pecado, hazme reaccionar para que, con humildad, vuelva al camino verdadero. 

miércoles, 29 de abril de 2009

ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA MISA


Asistimos a la Misa y después ¿qué? ¿Salir rápido, casi atropelladamente? Acabamos de estar en algo tan sagrado, que nos ayudará quedarnos unos momentos dando gracias a Dios:

Señor, acabo de asistir a la Santa Misa, memorial de tu Pasión, Muerte y Resurrección. He deseado ardientemente que llegara este momento para estar contigo y llenarme de Ti. Quiero que sea siempre lo que ha de ser: el centro y raíz de mi vida. Me siento especialmente hijo de Dios.

He tenido la oportunidad de recibirte en la comunión. Por eso, ahora sólo puedo decirte: gracias. Muchas gracias. Te quiero con toda el alma y te pido ayuda y fortaleza para que todo lo que he vivido se note en mi vida.

Que se note en cada pensamiento, en cada deseo, en cada acto.

Y que sepa llevarte a los demás.

Que todo empiece en Ti como en su fuente y tienda a Ti como su fin.

Te pido por tantas necesidades, esas que quizá más me preocupan, esas que llevo en mi alma. Te pido por las personas que tengo encomendadas, por mi familia, por mis amigos, por las que me han pedido que rece por ellos, por aquellos a quienes he asegurado mi recuerdo en la oración. Las pongo en tu Corazón, donde yo mismo quiero estar siempre.

No permitas que me separe de Ti y dame la gracia para seguir trabajando alegre y sin quejas en tu servicio. 

martes, 28 de abril de 2009

PARA PREPARAR BIEN LA SANTA MISA (3)




Esperando al sacerdote podré evocar ese momento cumbre en que Dios se hace presente entre nosotros. Por eso pediré, ya desde esos instantes:

“Que, en el momento de la consagración, sea muy consciente de lo que estoy viviendo: todo un Dios que viene al altar. Que sepa ver, especialmente, con los ojos de la fe”.

“Que acompañe a los ángeles que adoran a Dios, y le diga interiormente: Señor creo en Ti, espero en Ti, te amo”.

“Que cuando llegue el momento de la comunión vea en mi interior si soy digno de acercarme a recibir a Jesús, como Él quiere ser recibido: con limpieza de alma”.

“Que sepa hacer un acto de dolor de amor si no estoy debidamente preparado y, desde mi sitio, haga una comunión espiritual, diciéndole que no puedo recibirlo, pero hago el propósito de hacer una buena confesión, para acercarme a Él con pureza, con humildad, con devoción”.

“Que no me despiste pensando en mil cosas. Que aprenda a decirle: ‘Si he podido recibirte ¿qué puedo hacer sino darte gracias, con toda el alma? No permitas que me separe de Ti’”.

“Que durante toda la Misa esté en lo que tengo que estar, que nada turbe esa paz de estar con el Rey de Reyes. Que no deje que mis sentidos estén dispersos, aunque haya mucha gente, aunque haya ruido, aunque haya circunstancias que me lo impidan”.

“Que no me deje llevar por la inconsciencia o la rutina. Que aprenda a decirle al Señor cosas hermosas que llenen mi mente, desborden mi corazón y se traduzcan en obras”.

“Que aprenda a pedirle también, con toda el alma, que todos los que asistan a la Santa Misa, y yo el primero, sepamos después llevar a la vida lo que acabamos de experimentar, el encuentro con el Señor”.

“Porque te quiero, Señor, Tú eres mi fortaleza y mi descanso”.