
Sé fuerte, no vivas acomplejado, no seas flojo. ¿Que las cosas cuestan? Pues faltaría más, claro que cuestan, pero una vez logradas a base de tesón y esfuerzo ¿no saben más dulces?
La fortaleza es un arma que te defenderá en muchas batallas.
Te defenderá ante la estupidez. Te defenderá ante esa marea que quiere llevarte por delante, como si no tuvieras personalidad. Te defenderá para ejercer tu libertad sin temor a singularizarte. Te moverá a tener convicciones y no avergonzarte de ellas.
La fortaleza te llevará a no condescender con el error. Pactar con la mediocridad, con la tibieza, con el pecado, es un suicidio a plazos. Si entramos en esa dinámica no seremos capaces de sobrevivir. El hombre tiene en su interior una sed de excelencia que casa muy mal con el conformismo. Estamos llamados a cosas grandes, estamos llamados por Dios a participar de su compañía. ¿Vamos a conformarnos con menos? ¿No te parece que sería defraudar a Dios y quedar defraudados ante nosotros mismos.
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