martes, 1 de julio de 2008

Imagen de marca


Ayer mismo se hacían eco de la noticia los distintos medios de comunicación. Una modelo de 20 años se tiraba desde una ventana y acababa con su vida. Había sido portada de las revistas más prestigiosas, lo tenía supuestamente todo: belleza, dinero y toda una vida por delante. Sin embargo, acabó con ello. Tomó esa opción que produce escalofrío: todo un sueño estrellado para siempre en el asfalto. 
Hace poco tiempo llegaba a los medios otra noticia bien distinta: un actor y cantante mexicano, también portada de revistas y protagonista de series, aclamado por quinceañeras, y las que no lo son tanto, se convertía y elegía otra cosa. Salir de ese vacío de la fama, para adentrarse en "otro mundo" diferente. Se daba cuenta este "icono mediático", como se dice ahora, de que estaba destinado a ser, sin más, una "imagen de marca", un cuerpo admirado, una voz aplaudida. Poco más. 
En un momento dado, y en un "ataque de lucidez", que es lo que propicia la gracia que da Dios, percibió que había en él una marca en la que nunca había reparado: el beso de Dios, el amor de Dios. Era hijo suyo, porque lo habían bautizado de pequeño, pero no había captado con toda su hondura de lo que eso suponía. Había olvidado que su título de mayor relevancia no era la admiración que suscitaba a su alrededor, sino el amor que recibía de Dios y que le estaba invitando a responder con ese mismo amor.
Miró su vida tan exitosa y se dio cuenta de que era puro barniz, pura fachada, que se desvanecería al primer golpe de viento. Pura inconsistencia. Y se dio cuenta, al mismo tiempo, de lo que podía ser su cuerpo si lo trataba no como hasta ese momento, como un trapo, como mera mercancía: podía ser lo que estaba destinado a ser, templo de Dios. 
Vio las cosas con claridad, y no se quedó inmovilizado. Sacó las consecuencias. Había que acercarse a ese Buen Padre, y la manera fue encontrarse con Él a través de la confesión. 
Y después ¿qué? Después quiso irse de misionero a la selva, cambiar de vida radicalmente. Pero el sacerdote que le aconsejaba y la había ido acompañando, convirtiéndose en amigo suyo, le dijo que qué estaba diciendo, que no lo esperaba Dios en esa selva, sino en la selva en la que se desenvolvía habitualmente, en el mundo del espectáculo. Era él, ahora el que tenía que hacer presente un tesoro tan grande en medio de ese ambiente tan hostil, pero al mismo tiempo tan necesitado de Él.
Allí está Eduardo Verástegui, actor, que ha hecho, con este nuevo tono vital, una película hermosa: Bella, es su título, donde muestra el optimismo de quien lucha, sin avergonzarse, de Dios. Y ahora trata de vivir, como un buen hijo suyo, defendiendo, entre otras cosas, la castidad, algo tan lejano para los que viven en ese mundo, algo tan puesto en sordina o ridiculizado por la sociedad actual.
Sabe muy bien que merece la pena, ha aprendido que está llamado a ser templo de Dios y no quiere convertir ese templo en un estercolero. Si te interesa, puedes ver su testimonio en este video:

 

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