
Es curioso, cuando fallan los puntos de referencia no sabe uno a qué atenerse y se diluyen las fronteras con una facilidad pasmosa. Lo bueno y lo malo se acaba convirtiendo en una apreciación personal y, cuando es uno mismo el que dicta las reglas, nos encontramos en una especie de mundo habitado por reyezuelos que tratan de reivindicar su derecho al trono. Concretémoslo con algo: la sinceridad se confunde con la espontaneidad y la espontaneidad con la mala educación. Si al ponerse ante una mesa bien puesta, por ejemplo, uno se cree "poco sincero" porque no sabe para qué sirve cada cubierto y va los va usando arbitrariamente, en aras de esa espontaneidad, el siguiente paso puede ser, casi sin que nos demos cuenta, comer con los dedos y llenarse de grasa hasta el alma.
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