
He leído últimamente un artículo muy interesante que tiene párrafos tan "enjundiosos" como el siguiente: Nadie es una suma de perfecciones sin defecto alguno. Ninguna persona ha desarrollado todas sus capacidades al máximo. Toda persona es limitada y debería conocer sus propios límites. Los propios límites son los que eclosionan, especialmente, en la interacción con los otros. La persona se conocerá mejor a sí misma si sabe escuchar a las personas que le conocen y quieren. En el conocimiento propio reside la capacidad de perfeccionarse. A. Polaino-Lorente, "Identidad y diferencia: la construcción social de 'género'", en Varón y mujer. ¿Misterio o autoconstrucción? Madrid, 2008, pág. 134.
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