
Ser agradecidos es algo que, aparentemente, no cuesta mucho. Sin embargo, la experiencia nos dice que sí, que cuesta mucho más de lo que uno podría pensar. Si todo lo hemos recibido de Dios ¿qué menos podemos hacer que agradecérselo a Él, y agradecer a los demás esos pequeños, o no tan pequeños, servicios que nos hacen? Recordemos lo que decía San Agustín: "¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma que estas palabras: 'Gracias a Dios'? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oír con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad". San Agustín, Epistolae 41, 1
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